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Los almogávares y Castilla

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Los almogávares fueron unas tropas de choque, espionaje y guerrilla presentes en todos los reinos cristianos de la península ibérica a lo largo de la Reconquista, con origen en las Coronas de Castilla y Aragón. Eran unidades militares formadas principalmente por infantería ligera y especialmente conocidos por el activo papel que desempeñaron en la conquista del Mediterráneo por la Corona de Aragón entre los siglos xiii y xiv.

Sobre el origen del nombre existen diversas teorías: Tiene su origen en el árabe المغاور al-mugāwir («el que provoca algaradas o gente de frontera») o en المخابر al-mujābir («el portador de noticias») que en este contexto se traduce como «el que explora y comunica», y finalmente una tercera teoría sostiene que viene del adjetivo gabar, que se traduce como «orgulloso» o «altivo».​ Igualmente los nombres de sus grados militares también proceden del árabe.

La presencia de almogávares en Castilla, pese a ser más desconocida, está bien documentada y tuvieron un importante papel tanto en la conquista de Andalucía como en la frontera de Granada. Además de la mención anteriormente citada en las Partidas de Alfonso X, también son mencionados en la Cantiga del mismo autor, donde se relata como un grupo de almogávares no lograban nada en sus algaradas hasta que decidieron hacer una vigilia en la capilla del Alcázar, después de la cual salieron en cabalgada y obtuvieron victoria con un buen botín, entregando a la Virgen un paño de púrpura de oro.

Reino de Jaén

Este lugar fue durante largos años un lugar de correrías por parte de almogávares de estirpe aragonesa, navarra y vasca, especialmente en lugares como Pegalajar, Cambil, Huelma y Arenas. Al norte del castillo de esta localidad existe una zona que fue conocida como Campo de Almogávares

Conquista de Córdoba

El inicio de la conquista de la ciudad de Córdoba por parte de almogávares es relatado por Argote de Molina:

«En el año 1235, los ricos hombres e hijos-hidalgos Adalides y Almogávares (que estaban en la frontera de este reino) ayuntáronse en Andújar e hicieron entrada en tierras de Córdoba, en que cautivaron algunos moros, de los cuales tuvieron aviso cómo la ciudad de Córdoba estaba muy descuidada, y que no se velaba ni recelaba de los cristianos.Ante esta noticia tan favorable, se reúnen, Martín Ruiz de Argote, Domingo Muñoz, Diego Muñoz, Diego Martínez el Adalid, Pedro Ruiz de Tafur, Álvaro Colodro y Benito Baños, y acuerdan asaltar uno de los arrabales de Córdoba, dando aviso a Don Alvar Pérez de Castro .

Llegaron a Córdoba en la noche del 23 de diciembre de 1235, con gran audacia, sigilo y destreza montaron unas escalas trepando por ellas disfrazados de moros apoderándose de la hoy conocida Puerta del Colodro. El primero en trepar la muralla fue Álvaro Colodro, siguiendo a continuación sus compañeros de armas. Fue tal el éxito conseguido, que alcanzaron otras torres hasta llegar a la Puerta del Martos, quedado conquistada la Ajarquía cordobesa, hasta el 29 de junio de 1236 en que Córdoba se rinde a Fernando III.

Frontera de Granada

Los almogávares tuvieron una presencia destacada en la frontera de Granada, donde sus filas se nutrían de vecinos de las localidades fronterizas y aventureros en busca de botín en el reino de Granada. En otras ocasiones, la motivación que les llevaba a convertirse en almogávares era la venganza. Las brutales razzias de benimerines y zenetes procedentes del Norte de África, que afectaron sobre todo a la parte occidental de la frontera, causaron la destrucción de poblaciones enteras y la esclavitud de sus habitantes, lo que llevó a los supervivientes, sin esperanzas y con sus vidas truncadas, a reagruparse en partidas de almogávares comandadas por almocadenes, que hicieron de su nueva vida un constante ánimo de revancha. Este fue el caso de muchos de los vecinos de Vejer, Alcalá de los Gazules, Arcos, Medina-Sidonia y Lebrija, que tras un ataque en 1283 en el que los norteafricanos se llevaron más de dos mil cautivos para venderlos como esclavos, se alistaron en las filas almogávares.

Además del saqueo, se dedicaban a otro tipo de actividades. En cuanto se detectaban grupos de salteadores granadinos internados en territorio cristiano, se ponían al acecho en lugares de paso obligado o en las fuentes donde habrían de proveerse de agua, con el fin de sorprenderlos en cuanto pasaban por estos lugares. Esta actividad era muy agradecida y recompensada por los municipios de toda la frontera, como Murcia u Orihuela.

Cuando los almogávares se desplegaban en el interior era muy difícil que cualquier posible enemigo pudiera pasar a no ser que se tratase de un contingente importante de tropas o alguien que conocía muy bien el territorio y pasase noches y campos a través. En abril de 1309, cuando la guerra entre Castilla y Granada ya se había iniciado y antes de que la Corona de Aragón también declarara la guerra a Granada, los caminos del reino de Murcia estaban tan llenos de almogávares que Pedro López de Ayala, que gobernaba el reino, desaconsejó el paso a los embajadores del rey de Granada que volvían de la corte de Jaime II, porque aseguró que serían capturados, aunque llevaran guía. Por ello, finalmente fueron acompañados por moros de la procuración de Orihuela, que los trajeron de noche y por lugares poco transitados, hacia Granada a través del reino de Murcia.

Los almogávares solían también trabajar para los servicios de espionaje y vigilancia, que dependían de los municipios o los oficiales reales, y que eran vitales para la defensa de la frontera con los sarracenos. El servicio de vigilancia de la frontera se basaba en dos redes de vigías fijos en las montañas con buena visibilidad, una en la procuración de Orihuela y otra en la procuración valenciana « allende el Júcar», en la antigua frontera del reino de Valencia, es decir, en la zona cercana a la línea Busot – Biar. La misión de los vigías consistía en observar posibles entradas de enemigos y avisar de este hecho mediante señales de humo durante el día o de fuego por la noche; estas señales se transmitían de una vigilancia a otra, de modo que, al cabo de poco rato, todo el territorio podía ser prevenido.Otros puntos de vigilancia estaban situados en los principales caminos, donde la misión de los que hacían guardia consistía en evitar los numerosos atracos que se producían contra los caminantes, también en los puertos montañosos, los vados de los ríos, especialmente el vado del Cañaveral del Segura, cerca de Cieza, por donde solían atravesar el río las guerrillas o los ejércitos enemigos. En tiempos de guerra, la vigilancia era reforzada con escuchas, encargados de la vigilancia nocturna, que tenían que saber reconocer de oído la aproximación del enemigo, y otros encargados de observar cualquier anormalidad y dar seguridad a la gente.

A veces, los municipios requerían los servicios de los almogávares para seguir el rastro de salteadores granadinos, que ellos sabían identificar porque con el fin de no hacer ruido cuando entraban a tierra cristiana, solían sustituir las herraduras de hierro de los caballos por otras de esparto, que dejaban unas huellas singulares y a menudo pedazos del material de confección.

Las actividades por libre de los almogávares originaban numerosos conflictos diplomáticos con Granada, porque no solían respetar las paces firmadas. Los almogávares valencianos también eran motivo de fricciones con Castilla, bien porque a menudo las represalias granadinas que después de una incursión de almogávares valencianos, ejercían contra las poblaciones murcianas fronterizas, bien porque los almogávares valencianos o los murcianos habían causado daños en el territorio vecino.

Guerra de Granada

Los adalides almogávares tuvieron un papel importante en este conflicto, ya que eran los que mejor conocían el territorio y la forma de combatir de los granadinos al estar familiarizados con ellos. A su mando se pusieron las huestes de hidalgos procedentes de Oviedo.​También son nombrados por Diego Hurtado de Mendoza en «Guerra de Granada»:

«Llaman adalides en lengua castellana a las guias y cabezas de gente del campo, que entran a correr tierra de enemigos; y a la gente llamaban almogavares, antiguamente fue calificado el cargo de adalides; elegianlos sus almogavares; saludabanlos por su nombre levantandolos en alto de pies en un escudo; por el rastro conocen las pisadas de cualquiera fiera o persona, y con tanta presteza que no se detienen a conjeturar; resolviendo por señales, a juicio de quien las mira livianas, mas al suyo tan ciertas, que cuando han encontrado con lo que buscan, parece maravilla o envahimiento».

Uno de estos adalides, de estirpe leonesa y llamado Ortega de Prado, que había participado en la lucha de la Corona de Aragón contra Francia librada en Cataluña, participó en la decisiva toma del alcázar de Alhama la noche siguiente al 27 de febrero de 1482, cuando echó unas escalas, subió a la muralla, degolló a los desprevenidos centinelas y ocupó la torre con los soldados que tras él subieron, abriendo los portones para que entrara en su interior el grueso del ejército atacante y tomara el resto de la ciudad. La misma estrategia siguió en la toma de Zahara, aunque en este caso fueron detectados y solo pudieron resistir después de una ardua defensa. También es mencionada la presencia de almogávares, de origen navarro y aragonés, en los combates para la toma de Loja, que con valor y sufriendo pérdidas tomaron una cuesta próxima a la ciudad de gran interés estratégico para su toma.

Norte de África

Los primeros almogávares que actuaron aquí fueron aquellos de la Corona de Aragón, especialmente los que bajo el reinado de Pedro III el Grande y comandados por Roger de Lauria hicieron varias incursiones en la costa de Túnez. Ramón Muntaner recoge algunos de estos combates, como el de la ocupación de la isla de Yerba.

Una vez conquistada Granada, contingentes almogávares veteranos de dicha guerra embarcan hacia la conquista de las plazas costeras africanas, refugio de piratas y corsarios.

Otros conflictos

Juan I de Castilla, en tiempos próximos a la batalla de Aljubarrota contra Portugal, solicitaba la llegada rápida de «dichos almogávares«. También huestes de almogávares murcianos intervinieron en los inicios del reinado de los Reyes Católicos frente a la oposición nobiliaria encabezada por el Marqués de Villena en su defensa de los derechos de los derechos de la hija de Enrique IV.

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